Abuelita de 96 años єncuєntra aℓ amor de su vida єn єℓ asilo y sє casa

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Estamos acostumbradas a creer que el amor verdadero llega a nuestra vida cuando somos jóvenes y que esa persona especial nos acompañará en “los mejores años”, pero en realidad no es así, para el amor no hay edad, pues llega a nuestra vida cuando menos lo imaginamos.

Tal y como sucedió con Branca y Marcelino, un par de abuelitos que se conocieron en un asilo de ancianos, quienes tras vivir un hermoso, así como apasionado romance decidieron unir sus vidas y disfrutar de lo que el destino tuviera preparado para ellos.

El amor llega cuando menos lo imaginas

Macerlino y Branca posando para la fotografía y felices

Branca es una abuelita de 96 años, mientras que Marcelino tiene cien años, ambos viven en una residencia de ancianos en Sao Paulo, Brasil y jamás imaginaron que en aquel lugar encontrarían el amor verdadero. Desde el primer día que Marcelino estuvo ahí, hace aproximadamente poco más de dos años, supo que Branca era el amor de su vida y que tenía que hacer algo para conquistarla.

Su amor los llena de juventud

Marcelino y Branca el día de su boda felices de poder estar unidos en matrimonio

Tras convivir algún tiempo, Marcelino asegura que el flechazo que sintió por Branca fue “amor a primera vista” y no dudó ni un segundo en hacerle saber a su amada que deseaba formalizar una relación. Y contrario a lo que muchos creen, la pareja de abuelitos asegura que el aventurarse en el romance no ha hecho más que llenarlos de juventud y gozo.

¡Amor puro! Ella me hace sentir como un adolescente enamorado.

-Marcelino

Celebraron su romance de la mejor manera

Marcelino y Branca el día de su boda, besándose mientras el pastor da una platica

Marcelino cumplió 100 años el pasado enero y al pensar que no podía vivir muchos más años sin estar casado con la mujer que ama no fue opción, así que tras pedirle matrimonio a su enamorada, el 29 de febrero de 2020 la hermosa pareja unió sus vidas en una bella ceremonia que se llevó acabo en la residencia en donde viven, acompañados de sus compañeros y amigos, además, tuvieron la fortuna de contar con la presencia de algunos de sus familiares.

La celebración fue hermosa, llena de flores, amor, entusiasmo y una rica comida, además de las argollas de matrimonio con las que queda el diario recordatorio del compromiso adquirido y de su infinito amor.